sábado, 1 de enero de 2011

EL HOMBRE QUE NO PODÍA CAMBIAR EL FOCO


Se arrastraba lentamente por las calles; era una mañana húmeda y gris, con una de esas ligeras lloviznas que pueden llegar a enloquecer a algunos hombres.

La humedad atrae a las fuerzas oscuras; no es casualidad que asocien a lo demoníaco con la luna llena, oculta en un cielo cargado de espesas nubes infernales. Varios estudiosos de las ciencias ocultas comparten la idea de que los ángeles pertenecen a la luz solar, y por otro lado, ven a los demonios como seres húmedos y lunáticos.

Estaba en la ruptura. Descubrió que el hastío, la angustia y la paranoia, disminuían cuando perdía interés por lo real. El mundo dejó de interesarle, me refiero a todos los aspectos y formas del mundo: lo material, las emociones, las posibilidades... Sólo entonces superó la angustia de la necesidad. Ahora la gente ya no proyectaba nada cuando estaba cerca de él. Todo se había convertido en un extraño escenario irreal. Ello le ayudó a superar la tristeza, hacer que lo real se torne irreal.
Mientras se dirigía pesadamente hacia la parada del autobús, se percató de que venía caminando varias cuadras con los cordones desatados; los veía como chapoteaban y se embarraban en pequeños charcos de lluvia. Eso le tenía sin cuidado. Se sentía tan relajado por haber perdido interés en sus cordones, que no podía evitar soltar una risita cada tanto.
En el paseo central, mientras aguardaba el cambio de la luz del semáforo para cruzar la calle, una señora de edad avanzada que estaba a su lado, le dijo algo que escuchó en cámara lenta y con el volumen bajo. La amable dama tuvo la gentileza de advertirle que tenía los cordones desatados.
- Lo sé- respondió él, con una calma que podría tomarse por sabiduría -. Simplemente no puedo atarlos ahora. No puedo ocuparme de eso.
La señora esquivó la mirada y no volvió a dirigirle la palabra.
En la parada del autobús, empezó a ver las cosas con una nueva percepción. Los objetos no tenían nombre ni forma, eran todos infinitos e innombrables.
Otro cambio perceptivo que lo sorprendió gratamente fue el silencio de Las Voces que antes le perturbaban. Por fin había silencio en su cabeza. Subió al autobús y se dirigió al periódico en el que trabaja desde hace unos siete meses.

El resto de ese día, luego de haber alcanzado desconocidos y novedosos cambios mentales, estuvo completamente relajado e indiferente en el trabajo, a pesar de que tenía una ajetreada jornada infernal. Los otros empleados se mostraban tensos, acelerados, preocupados por hacer bien las cosas lo más rápido posible. No comprendía como podían moverse con semejante energía y reaccionar con tal dramatismo ante cosas que para él eran insignificantes.
Pero como todavía poseía resquicios de su antigua conciencia, llegó a la conclusión de que todos buscaban mantener sus empleos para subsistir en el mundo real(?).
En el espejo del baño, notó que su rostro se había suavizado. Su musculatura facial lucía más relajada, sus ojos transmitían una paz inusitada, incluso tenía una magnífica sonrisa, digna de un hombre satisfecho con sus logros alcanzados en la vida.
Lo único que le preocupaba era la idea de perder el estado que había alcanzado. Si esta nueva percepción se activó en él azarosamente, existía la posibilidad de que desapareciera con la misma espontaneidad con que llegó (Pero no más Voces que gritaban y se contradecían en su cabeza). Otra característica del nuevo estado era una profunda sensación de dulzura y amor, similar a lo que siente al estar enamorado. A pesar de que las cosas habían perdido su importancia, amaba a todos los seres del universo, y a la vez, se sentía amado por ellos. Era consciente de que podría tratarse de un nuevo tipo de locura, pero al  menos, mucho más agradable que otras que lo habían aquejado con anterioridad. También consideraba seriamente la posibilidad de que esta sea la llegada de la esperada cordura, ya que nunca antes se había sentido tan lúcido y calmo.

Al regresar del trabajo, ya en su apartamento, sintió ansias por emprender un montón de cosas a la vez. Todavía no sabía exactamente cuales, pero quería probar como se sentiría experimentar ciertas cosas en ese nuevo estado.
El teléfono empezó a sonar. Lo dejó sonar siete veces sin inquietarse. Descubrió que daba igual si contestaba o no, ya que al final nadie se daría por enterado. Decidió contestar.
Era su prometida. El éxtasis le había hecho olvidar que era el aniversario de la primera noche que habían pasado juntos. Ella vendría a pasar la noche en el apartamento, en busca de una romántica jornada inolvidable.
Además de no haber arreglado el desorden reinante, había olvidado comprar velas, bebidas y alimento. Y nada de flores ni regalos, desde luego. Su heladera estaba vacía. El lugar era un desastre.
El desmoronamiento comenzó debido a que no logró ponerse a la altura de la situación. No pudo reaccionar.
Por lo tanto, no se preocupó en arreglar las cosas. Eran las siete y media de la tarde. Y la chica llegaría a las nueve. Sentía ansiedad por estar con ella en ese nuevo estado ¿Sería todo más hermoso? ¿Notaría ella la diferencia?
Quería aprovechar al máximo el don(?) adquirido, como si fuese Superman antes de perder sus poderes por estar expuesto a la Kriptonita.
Las cosas empeoraron cuando intentó encender la luz del living y el foco se quemó. El apartamento quedó a oscuras. Su reacción fue extraña y primitiva. Como si fuera un niño que de pronto se encuentra perdido en la oscuridad y no puede hacer nada para cambiar la situación, simplemente decidió pasar a otra habitación donde había luz, el dormitorio. Allí experimentó una sensación que no sentía desde sus primeros años de infancia, la felicidad nacida del simple hecho de encontrarse en la cama bajo la luz. Permaneció ahí, tumbado, feliz y despreocupado, inundado por un silencio divino. Estaba en una especie de trance, demasiado extasiado como para preocuparse por el mundo externo. Súbitamente, el sonido del timbre lo hizo regresar a la realidad. Había pasado 3 horas en la cama. Abrió la puerta y se encontró a su novia, radiante, lista para una noche gloriosa.
Ella lo miró con extrañeza, sorprendida por la oscuridad del living. Le dio un beso, dejó escapar una sonrisa nerviosa y se precipitó adentro.
-¿Una noche a oscuras?
- Sí - respondió él, con frialdad.
Ella enroscaba su brazo al de su novio al mismo tiempo que lo miraba con fijeza. Él no parecía aterrizar.
- Bueno, ¿qué tenemos para beber? - dijo finalmente ella.
- Oh... Bueno... nada, en realidad... olvidé comprar las bebidas ¿Tú has traído algo?.
- Quedamos en que te encargarías de ello ¿Cómo pudiste olvidarlo?.
- Es que... he estado un poco atontado... un día terrible en el trabajo... tengo una jaqueca horrible, me obligó a tumbarme durante todo el día...
- Pobrecito... Te haré unos masajes que te curarán todos los males.
La chica daba tímidos pasos, aferrándose al brazo del novio iluminado.
-¿También olvidaste pagar la cuenta de la luz?
- Oh... resulta que... hubo un cortocircuito... el calefón estalló. Y… todavía no vienen a revisarlo... ¿Por qué no vamos un momento al dormitorio?
Ella lo miró con cierto enfado y lo acompañó. Se sentaron en la cama. Él era un témpano, no demostraba emoción alguna. Parecía estar muy lejos.
- Oye... No he comido nada desde el almuerzo - dijo su novia con impaciencia -. ¿Traemos la comida a la cama?
- Bueno... estuve pensando... ¿No será mejor si vamos a un buen sitio, donde haya luz y bebidas?
- Pero yo no quiero salir... prefiero que nos quedemos aquí... ¿Te acompaño a buscar la comida?
- No hay comida... te digo que estuve con esta terrible jaqueca... no pude preparar nada...
- Pero tuviste todo el día... ¿No pudiste al menos ordenar algo?
- No pude hacerlo.
Ella se levantó bruscamente de la cama -¿Qué ocurre contigo? ¿Me estás ocultando algo?... Quiero la verdad... ¿Qué demonios está pasando? Háblame, te prometo no enojarme... Sólo quiero saber de que se trata todo esto...
- No lo entenderías... Creerías que me estoy burlando... Nunca lo entenderías...
- De acuerdo. - Ella salió del dormitorio y permaneció un instante en la oscuridad del living. Él fue a buscarla luego de unos segundos. - Dijiste que hubo un cortocircuito... No hay señales de eso, no hay olor a quemado... ¿Qué escondes en la oscuridad? –La chica se dirigió hacia la ficha de la luz e intentó encenderla, pero el foco estaba quemado.
- No enciende... el foco no funciona... - dijo él con suavidad.
-¿A qué te refieres?
- Está quemado... Esa es la verdad...
-¿Desde cuándo?
- Desde esta tarde...
-¿Y no tuviste tiempo de cambiarlo?
- No pude hacerlo
-¿Cómo es eso? –El tono de su voz iba en aumento con cada frase.
- Te lo dije... no lo entenderías... es un complejo Proceso de evolución interna... no puedo cambiar el foco...
-¿Adónde quieres llegar  con todo esto? ¿Por qué no te animas y lo dices de una vez? ¿Es la estrategia que se te ocurrió para acabar con todo? Me parece bien... Sólo espero que no llames más tarde, llorando como un niño arrepentido.
- Sólo estoy diciéndote la verdad... nunca podré cambiar el foco de nuevo... mi conciencia no me lo permite... tampoco pude atarme los cordones, a pesar de que se estaban mojando en la calle... hay ciertas cosas que ya no puedo volver a hacer... No debería hablarte de esto, sé que no lo entenderás... Se supone que diga dulces mentiras para seguir en la comedia... pero no me dejaste opción... lo siento... lo siento... no puedo...
-¿Estás hablando en serio, verdad? ¿Consumiste algo? Ayer eras otra persona, estabas sano y cuerdo ¿Qué demonios ocurrió contigo? ¿Cómo te volviste sicótico de un día para otro?
- No estoy sicótico... sólo... ahora puedo percibir la realidad... antes estaba anestesiado... pero ahora... ya no necesito...
- De acuerdo... me iré... espero que podamos hablar de nuevo cuando vuelvas a entrar en razón - Ella se marchó a pasos veloces -. Feliz aniversario. Fue lindo mientras duró. Tú quisiste que fuera así, pues así será.
Él permaneció inmóvil junto a la puerta abierta. No podía comprender. Regresó a la cama para seguir disfrutando de su nueva percepción. Tras unos minutos de éxtasis, las antiguas dudas volvieron a cruzarse por su mente. Ahora la realidad ya no era tan perfecta y armoniosa, la ilusión de la felicidad estaba desvaneciéndose. Pronto Las Voces estuvieron de vuelta, y con ellas, el miedo, la angustia, la locura... Las cosas perdieron su resplandor, ahora tenían nombre y eran simples y huecas, sin secretos ni misterios infinitos.
Se levantó de la cama, la oscuridad del living lo inquietó por primera vez. Intentó encender la luz, pero no hubo caso. Se percató de que debía cambiar el foco. El problema era que había algo en su interior que no le permitía hacerlo. Debía hacerlo, era razonable y necesario, pero no podía. Pronto lo atormentaron todas las ideas relacionadas a la pelea con su prometida. Ella era lo único realmente valioso que tenía en su vida. Y ahora que la conciencia cósmica se había esfumado, la necesitaba de regreso.
Decidió llamarla por teléfono. La chica no contestó. Salió del apartamento y fue a buscarla. No estaba en casa. Regresó y decidió echarse a dormir, tal vez mañana las cosas se aclarasen un poco. No pudo conciliar el sueño. Juntó un poco de dinero y fue a un bar. Allí bebió hasta emborracharse, luego regresó al apartamento y se acostó a dormir.
Al día siguiente despertó hecho una miseria. En el trabajo, el jefe le pidió que vaya a su despacho para hablar en privado. Le explicó detalladamente los motivos de su repentino despido. Resulta que había armado un gran lío el día anterior. La página del periódico que estaba a su cargo salió con imperdonables errores entre las fotos y los textos. No había excusa posible. Él se retiró en silencio.
Desde el apartamento, volvió a llamar a su prometida. No contestó. Fue a su casa a buscarla, pero no había nadie. En su búsqueda desesperada, se dirigió al lugar donde trabajaba. Le dijeron que no había ido a trabajar. En un último intento, fue a lo de su cuñada para ver si podía conseguir alguna información. La mujer le dijo que su hermana acababa de viajar hacia Italia, su tierra natal.
La desesperación lo consumió por completo. Y definitivamente era real. Real y terrible.
Regresó al apartamento, intentó encender el foco varias veces, a pesar de saber que estaba quemado. Pero él ya lo había dicho una vez: “No podía cambiar el foco”.
Agobiado por una parálisis suicida, se acostó en la cama a llorar como un cachorro. Las Voces empezaron a contradecirse en su cabeza, pegaban alaridos salvajes, zumbaban y soltaban terribles carcajadas... Luego las viejas ideas regresaron, mucho más fuertes y oscuras que antes. La confusión se tornó insoportable. Salió a las calles y echó a correr, intentando escapar de la locura. Pero no había escape. Todo estaba relacionado con el movimiento. Los estados iban y venían sin avisar. Corrió hasta llegar a un puente donde solía observar el mar con su amada, quien posiblemente estaba de regreso con su ex-novio italiano.
Las Voces lo indujeron a saltar. Y lo hizo. Pero no solucionó nada. Millones de Otras Voces siguieron atormentándolo incluso después de la muerte. No había escapatoria. Le habían enseñado el paraíso para volverlo vulnerable. Le dieron a probar el fruto prohibido para envenenarlo.
Su novia no regresó de Italia. Nunca encontraron su cuerpo en las aguas de ese mar. Y lo más importante de todo: Jamás pudo cambiar ese maldito foco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada